Madrugar
Pensaba yo que esto de madrugar después de mes y pico levantándome a la hora que mi cuerpo unánimemente decidía iba a ser una tarea cuasiimposible que me iba a dejar de un humor de perros. Pero hete aquí la sorpresa de este mes de septiembre: después de dos días de calvario y sufrimiento, llevo otros dos despertándome antes de que suene la alarma. ¿Será que me estoy haciendo una chica mayor? He de reconocer que estoy haciendo un esfuerzo por acostarme a una hora prudente que me permita estar con Morfeo unas nueve horas, que no está mal. Ayer, incluso, pasé el día sin siesta (aunque una pequeña de veinte minutos tampoco me importaría echarme, todo sea dicho).
Ahora mismo voy a ducharme, desayunar y, después, tengo que escribir tres correos electrónicos. Aprovechando que ahora no llueve, iré al mercado de la fruta; a la vuelta empezaré, por fin, con un curso online al que me he apuntado (la gente está ya escribiendo como loca en el foro; yo solamente voy a presentarme y a descargarme la teoría a mi ordenador para leérmela). Os contaré más del curso en una próxima entrada…
Mareada
Me he mareado como un pato en el autobús de vuelta a casa. No me suele pasar y no entiendo por qué hoy he acabado tan pálida y con el estómago tan revuelto. El autobús iba bastante rápido; ha bajado el alto de Bakio volando bajo (y es ahí donde me he empezado a encontrar mal). Quizá es que no estaba yo muy católica de todas formas. Hoy apenas he dormido, así que después de comer me he echado una siesta enorme. Nada más despertarme he tenido que salir corriendo hacia el autobús para no perderlo (un poco catatónica, la verdad) e iba ya un poco destemplada.
Voy a intentar acostarme a una hora prudencial hoy. Y mañana me levantaré tarde, a ver si así al menos descanso en condiciones. ¡Estoy tan cansada! ¡Siempre estoy cansada! Me pasaría el día durmiendo, la verdad. Igual es lo que tengo que hacer, pasar un día entero durmiendo o leyendo en la cama… Quizá así se me pasaría el mareo este del autobús. ¡Qué mal me encuentro, qué poco me quejo!
Bricomaníaca
¡Atención: un día de éstos voy a pintar la pared del cabecero! Lo tengo tan decidido que hoy he comprado la pintura y todo. Prometo fotos. Y una vez que la pared esté gris, pondré los apliques que me compré… ¡Qué ganas de tener todo listo ya!
Por lo demás, siento no estar escribiendo mucho, pero es que me paso el día dormitando. Estoy tomando una medicación que me da mucho sueño y, como no tengo nada mejor que hacer, duermo, o dormito mientras veo series compulsivamente (estoy con Six feet under, temporada 4, y Party of five, temporada 2, me tenéis que dar un bonus por esta última). Espero poder vencer al sueño mañana para, poco a poco, empezar a poner la cinta de carrocero (que no va a ser muy fácil, porque tengo que ponerla de tal forma que no quede luego ningún hilillo marrón).
Y ya va siendo hora de ponerme a trabajar, que llevo unos cuantos días ociosa (y hoy me ha llegado mucha tarea, otros siete libros para la universidad, así que estoy encantada).
Cerebro en ’stand-by’
¿Os desenchufáis alguna vez del mundo? ¿Os evadís, llevando vuestra mente a una realidad paralela? ¿Dejáis vuestros cerebros en stand-by?
Yo últimamente lo hago a menudo. Quizá porque llevo unos meses en que estoy desbordada por muchos motivos (excesiva carga de trabajo, una situación sentimental complicada, preocupaciones varias en torno al vil metal…). Y cuando no se puede más, a veces conviene, sencillamente, no pensar. Y este fin de semana son días propicios para no pensar…
Porque si me pusiera a pensar en lo que tenía planeado para este fin de semana y en lo que se ha convertido al final, sólo puedo meterme en la cama y ponerme a llorar hasta quedarme dormida. Y dormir 16 horas seguidas… En vez de eso, estoy en el mundo, pero mi cerebro no del todo. Y me meto en el maravilloso mundo de las pilas y las baterías y ocupo todos los recursos de mi maltrecho cerebro en huelga en traducciones y textos varios, y así no pienso en lo que me rodea. Y no me viene a la cabeza la comida con mis amigos, a los que no veo desde hace meses, en la que debería estar ahora (acompañada de Arturo, además) y que me apetecía tanto.
Habrá que esperar a tiempos mejores para volver a presionar el interruptor…
La mosca tse-tsé
Estoy muy cansada y tengo muchísimo sueño. La verdad, no debería estar así, porque anoche dormí diez horas de un tirón y hoy me he metido una siesta de dos horas y media (sí, lo sé, no tengo remedio), pero se me cierran los ojos. Todavía no he cenado (he estado trabajando hasta hace un ratito) y, mientras espero a sacar el pescado del horno, estoy teniendo que hacer verdaderos esfuerzos por mantenerme despierta… Piticli no me ayuda mucho, porque está como un tronco a mi lado. Y Arturo tampoco, que parece una marmota últimamente (probablemente, por toda la tralla de medicación que se está metiendo entre pecho y espalda). Será que nos ha picado a todos la mosca tse-tsé…
Blog abandonado
Hoy Totó me ha echado bronca porque tengo el blog medio abandonado: todos los días pongo algo, pero no escribo nada. Es cierto. Me prometí a mí misma que durante las vacaciones iba a aprovechar para escribir mucho, pero no lo he hecho (al igual que no he hecho la mitad de las cosas de la lista que me había propuesto para estas navidades). Supongo que no puedo estirar tanto el tiempo…
De todas formas, no he escrito, pero sí he leído (llegarán las reseñas, paciencia) y, gracias a J., he desempolvado mis conocimientos de francés y le he ayudado con varios trabajos de la uni (que me han llevado lo mío). Y, sobre todo, he aprovechado para dormir muchísimo. Lo necesitaba. Y lo sigo necesitando, quiero dormir nueve horas diarias… Así que, esta mañana, cuando ha sonado el teléfono a las 9.15 h no podía dar crédito. ¿Cómo osan fastidiarme la última mañana que puedo dormir a mis anchas? Por poco mato a Iñigo (quién iba a ser a esas horas, tenía que ser él). Encima me dice que soy una vaga por estar dormida a esas horas. Pues no, es sólo que vivo cansada, sin más. Y me gusta dormir, que no es nada malo.
Sigo guardando la lista de cosas que quiero hacer para los fines de semana (me he propuesto no trabajar, a ver si puedo cumplir). Os mantendré informados.
Y ahora, a limpiar los zapatos, a ver si vienen los Reyes Magos. Yo, desde luego, he puesto mi granito (espero que J. no me lance su regalo a la cabeza, porque es totalmente interesado por mi parte…). ¡Feliz noche y que os traigan muchas cosas Sus Majestades de Oriente!
Cansada
Estoy muy muy cansada. Ya sólo me falta darle mañana el empujón final al libro y listo, ¡vacaciones! Tengo muchísimo sueño, sólo me apetece dormir doce horas seguidas…
Prometo escribir más durante las vacaciones, sé que últimamente no me he esmerado mucho…
Pesadillas
A veces (más a menudo de lo que me gustaría) tengo pesadillas. Su tema suele ser recurrente y, aunque sé perfectamente que sólo son sueños, siento un horrible malestar cada vez que las tengo. Al día siguiente suelo estar tristona y no puedo evitar que me vengan a la mente escenas de la pesadilla constantemente.
Esta noche he tenido una. Da igual cuál fuera el sueño. Me he despertado sobresaltada a las 5.45 h y he sido incapaz de volver a dormirme hasta las 8.15 h (he estado a punto de levantarme y todo). Después he dormido bastante, pero se me han fastidiado los planes que tenía para hoy. Y lo peor es que llevo todo el día dentro de la pesadilla y con ganas de que esas imágenes se vayan de una vez y definitivamente de mi cabeza.
Fin de semana
Pues comienza el fin de semana, por fin. No es que vaya a ser muy distinto del resto de los días de esta semana, pero sí que noto una cierta tranquilidad… Podré dormir más, leer un poquito, pasar el sábado con ama y J., quizá hasta me dé tiempo a escribir un poco más en el blog… Y sí, tengo que trabajar un montón, pero me lo tomaré con más calma (aunque tengo dos entregas el lunes).
Ahora voy a ver un par de capítulos de alguna serie (buena forma de empezar el fin de semana) y, si luego me quedan fuerzas, me acercaré por aquí y pondré alguna cosilla más…
¡Buen fin de semana a todos!
Gato estresado
Así pasa uno que yo me sé la tarde echando la siesta bajo la manta. Los hay con suerte…
